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CICATRICES E INJERTOS

  "Son auténticas islas que desorganizan los sistemas de comunicación miofascial del cuerpo, tanto de deslizamiento, de conexión, correspondencia, y distribución, estableciéndose un caos químico, energético y espacial en las cadenas cinéticas musculares (pérdida del equilibrio somatofilopsíquico)"

Antoni Munné i Ramos
Restaurador Corporal
  LA CIUDAD PARTIDA (1996)
 

Mi barrio, el de Sant Andreu, así como el del Clot y Sant Martí, los tres de Barcelona, están desgraciadamente partidos por la avenida Meridiana.

En un corte profundo, que nace en la calle de Pujades y se acaba cerca del término municipal de Santa Coloma de Gramanet (depósito de aguas de Montcada), y que constituye una auténtica cicatriz en la ciudad de Barcelona, dividiendo y por lo tanto separando los barrios del lado mar y del lado montaña que la rodean.

Josep Ma. Espinas (1) lo define así: "La famosa Meridiana, calle frustrada y falsa autopista, aceptada por Barcelona con una pasividad culpable, destruye la unidad de los barrios que atraviesa y consigue irritar a la vez a automovilistas y vecinos."

La avenida Meridiana es una grave herida infringida a los barrios mencionados y a otros, dividiéndolos irremediablemente con las consecuencias propias de toda obligada división o separación.
Se cortó la comunicación entre la gente y las familias, los establecimientos (tiendas de todo tipo, bares, cafés, etc.) perdieron buena parte de sus clientes habituales y la intercomunicación y el intercambio fácil y frecuente desaparecieron (fiestas mayores, celebraciones religiosas, etc.)

Como podemos ver, infringir una profunda incisión a la ciudad no deja de ser una agresión que modifica y altera para siempre la unidad y las relaciones entre sus ciudadanos próximos y lejanos. Este ejemplo de la ciudad de Barcelona podemos utilizarlo como metáfora para el cuerpo humano.

  EL TRANSPORTE MIOFASCIAL (INTERNET CORPORAL)
 

Sabemos que el cuerpo humano está envuelto , contenido, conectado y comunicado por medio del variado tejido conjuntivo, llamado también fascia. El tejido conjuntivo es un tejido vivo, resistente y omnipresente por todo el cuerpo. Está bajo la piel (embalaje protector del cuerpo), por encima de los músculos, de los tendones, de los órganos, de los huesos, etc.) y tiene una gran trascendencia sobre el movimiento y los procesos fundamentales del metabolismo corporal.

El cuerpo entero está ensacado por fascia, que inicialmente actúa de protección y después de sostenimiento. El tejido conjuntivo (aponeurosis), que comentaremos a lo largo del artículo, será el derivado del mesodermo (2).

Veamos lo que nos dice el médico osteópata Robert Fulford: "La fascia de todo el cuerpo es una sola pieza enrollada, llena de dobleces. Si en cualquier parte de esta fascia se produce un encogimiento, se deforma toda la tela; de ahí que los cambios locales puedan tener efectos generales."

El tejido conjuntivo, además de las funciones de sostener y mover el cuerpo, tiene otras actividades bioquímicas y biomecánicas.

Sus propiedades van desde la expansión de los nervios y vasos linfáticos, el intercambio metabólico por su relación con el metabolismo del agua, la función nutritiva en relación con la sangre y la linfa, etc.

Podemos decir en voz alta que es la agencia de transportes de todo el organismo y de todos sus sistemas. No hay ninguna agencia de viajes en el mundo que gane al cuerpo humano en número de ofertas itinerarias. El abanico de viajes o recorridos miofasciales del cuerpo es espectacular. Es el internet del organismo.

Desde el punto de salida (inicio del viaje muscular) al lugar de llegada de una cadena cinética muscular, siempre hay una larga distancia, y entre los dos extremos del recorrido miofascial, numerosas cadenas cinéticas complementarias se ponen en movimiento, en una múltiple maniobra solidaria y compensatoria, extendiéndose por el cuerpo como una mancha de aceite.

  CAUSA Y EFECTO
 

La mayoría de veces, un dolor muscular es el reflejo de un problema lejano, y caemos en el error de fijarnos y querer solucionar el síntoma, cuando la causa a tratar es lejana y no manifiesta (reflejo antálgico).

Por ello cualquier tratamiento de restauración corporal tiene que ser global. Todo lo que hagamos de manera local, (síntoma), será siempre un parche. Hay que buscar el origen del malestar (causa) con paciencia y con conocimiento del juego compensatorio de la intrincada trama miofascial coextensiva por todo el cuerpo, hallarlo y entonces poner el remedio adecuado. Si todo esto pasa en un cuerpo no alterado por accidente y/u operación quirúrgica por ejemplo, pensemos qué debe suceder cuando el cuerpo debe ser intervenido quirúrgicamente.

Primeramente, la incisión externa para poder acceder al problema interior, y una vez acabada la intervención, coserán el corte, que cicatrizará posteriormente solo. Por dentro, todo lo que comporta una operación quirúrgica (cortes, suturas, cosidos, extirpaciones, transplantes, etc.), que no deja de ser, todo ello, una fuerte agresión para el cuerpo y la persona.

Gracias a su actividad fibroplástica, el tejido conjuntivo contribuye a restaurar las lesiones por medio de un depósito de fibras colágenas (tejido cicatrizal). Las heridas por accidente o intervención quirúrgica hacen que la fascia se espese y se acorte (isla), enganchándose y creando y transmitiendo tensión y perdiendo el tono y la elasticidad, así como la posibilidad de transmisión fluida en todas direcciones.

Ya de por sí, la mayoría de personas tienen el tejido conjuntivo y, bajo él, los músculos, los tendones y los órganos demasiado duros y rígidos, demasiado compactos y comprimidos, y por lo tanto con el movimiento miofascial muy restringido (problemas musculares y articulares). Si a esta condición descuidada y anómala de la fascia añadimos la agresión de una intervención quirúrgica, el drama miofascial aumenta considerablemente.

La formación de islas extrínsecas e intrínsecas al cuerpo estropeará considerablemente los movimientos miofasciales de deslizamiento, conexión, correspondencia y comunicación, con la trascendental pérdida de la eficacia en la mecánica corporal y en los proceso metabólicos.

 
RESTAURACIÓN CORPORAL
 

En el caso de cicatrices y/o injertos, que es la intención y el contenido de este artículo, hay que empezar la restauración corporal por la piel, el tejido más superficial del cuerpo. Hay que ir desenganchando la piel mediante unos cuidados y adecuados microenrollamientos direccionalmente correctos, muy centrados primeramente por los alrededores de la cicatriz y/o injertos, a fin de ir retornando poco a poco el tono y el movimiento fascial. Alternaremos los microenrrollamientos con pequeños pellizcos de la piel y la carne, a medida que vayamos notando la mejoría en la calidad miofascial.

Este trabajo de restauración miofascial hay que hacerlo con mucha paciencia, cuidado y comprensión.

Tengamos en cuenta que el paciente puede revivir con fidelidad la situación pasada, sea por accidente o por operación. El drama vivencial estará inevitablemente grabado en la carne (tejido conjuntivo) y, por lo tanto, guardado en el subconsciente. Por este motivo es importante la colaboración y la toma de consciencia del paciente en relación con su problema y su conveniente y necesaria solución, serán imprescindibles.


 


Injertos y cicatrices debido a un accidente de alta tensión


Cicatrices tratadas con microenrollamientos

 

Hemos de tener en cuenta que el dolor de la perplejidad y la supervivencia que nuestros dedos terapéuticos harán emerger del cuerpo, es el dolor inscrito en la carne por el espanto, por el miedo, por la rabia, por la indignación, por el desconcierto, guardados celosamente en las entrañas fasciales y que ponemos en marcha incosncientemente en situaciones extremas, como son los accidentes, las operaciones y las enfermedades graves.

Puesto que el cuerpo es una unidad somatofilopsíquica, y tal como decía anteriormente respecto a que el tejido conjuntivo tiene que deslizarse, conectarse y comunicarse por todo el cuerpo mediante la gran cadena muscular posterior y las cadenas musculares complementarias y compensatorias, no podemos descuidar una cuestión tan importante como son las posturas y la colocación del paciente durante el tratamiento. Tengamos en cuanta que cada pequeña liberación de la rigidez y aislamiento de las cicatrices y de los injertos se transformará en una pequeña pero muy importante recuperación de la perdida fluidez cinética de los músculos, para lo cual conviene que no encuentre, en su camino de extensión miofascial, ningún obstáculo por compensaciones y posturas inadecuadas.

Respetando las condiciones posturales, físicas, psíquicas y emocionales del paciente, podemos devolverle en un tanto por ciento elevadísimo la calidad muscular, articular y anímica que tenía antes del accidente y/o de la intervención quirúrgica.

Es importante concienciarse de la necesidad de recuperar las cicatrices, por pequeñas que sean, y de los injertos, después del periodo de recuperación post-operatoriaa prescrita por el médico. Hacerlo es devolverle al cuerpo aquello de lo que ha quedado restringido o privado del todo, y en consecuencia la recuperación de su equilibrio, de su bienestar corporal, psíquico y emocional.

 
Notas:
 
  1. Espinás, Josep Ma. y Catalá Roca, Francesc: Vuit segles de carrers de Barcelona. Ed. Destino 1974 (el subrayado y la traducción son del autor del artículo).
  2. Mesodermo: tercer sistema funcional a partir del botón embrionario (génesis de cada ser humano). Esta capa intermedia da origen a la columna vertebral, huesos, músculos, tendones, ligamentos y vasos sanguíneos.
 
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